El Génesis y la Ciencia: Cómo Leían los Hebreos el Relato de la Creación

El Génesis y la Ciencia: Cómo Leían los Hebreos el Relato de la Creación

Marcos Villalba|22 de septiembre de 2025|18 min
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Un texto que no fue escrito para nosotros

El conflicto entre Génesis y la ciencia es, en muchos sentidos, un conflicto moderno. El autor de Génesis no estaba escribiendo para responder a Charles Darwin, ni a la datación radiométrica, ni a la teoría del Big Bang. Estaba escribiendo para una comunidad de israelitas recién liberados de Egipto, rodeados de mitologías de creación mesopotámicas y cananeas, que necesitaban una respuesta a las preguntas fundamentales: ¿quién creó todo esto? ¿Para qué fuimos puestos aquí? ¿Qué significa ser humano?

Si no entendemos el género literario que el autor hebreo estaba usando, leeremos Génesis 1-2 como un manual de ciencias naturales —y nos perderemos lo que realmente quiere decirnos—. Y si lo leemos solo como poesía, quizás lo despojemos de la seriedad histórica que sí reclama. El camino más honesto pasa por preguntarnos: ¿cómo leían los hebreos este texto?

Contexto histórico: los mitos de creación del entorno de Israel

Génesis 1-2 no surgió en un vacío literario. Israel estaba rodeado de culturas con relatos de creación propios, y el autor bíblico los conocía. La comparación ilumina el mensaje único del Génesis.

El Enuma Elish babilónico, compuesto hacia el 1800-1500 a.C., narra la creación como resultado de una guerra cósmica. El dios Marduk lucha contra la diosa Tiamat —el océano primordial personificado como un monstruo caótico—, la parte en dos mitades, y con su cadáver construye el cielo (arriba) y la tierra (abajo). La humanidad es creada de la sangre de Kingu, un dios rebelde derrotado, para servir como mano de obra esclava que libere a los dioses menores del trabajo pesado. El cosmos es violencia. La creación es el cadáver de una diosa. La humanidad es esclavitud.

Los mitos cananeos de Ugarit (ca. 1400-1200 a.C.) presentan a Baal luchando contra Yam (el mar) y Mot (la muerte) en un ciclo interminable de conflicto divino donde la fertilidad de la tierra depende del resultado de estas batallas cósmicas.

En este contexto, Génesis 1 es una declaración teológica revolucionaria. No hay lucha. No hay dioses rivales. No hay cadáveres divinos que se conviertan en cosmos. No hay humanidad creada como esclava. Un solo Dios, sin oponente, crea mediante la palabra. El sol, la luna y las estrellas —divinidades mayores en todas las religiones vecinas— son despojados de su rango celestial y reducidos a "lumbreras" (simples lámparas) que ni siquiera reciben nombre propio en el texto hebreo.

Lee sobre el Enuma Elish en World History Encyclopedia — Enuma Elish.

Cosmología del Próximo Oriente Antiguo: el mundo que veía el autor

Para entender Génesis 1, necesitamos visualizar el cosmos tal como lo concebía un habitante del Próximo Oriente en el segundo milenio a.C. No tenía telescopios, ni fotos satelitales, ni el concepto de planeta como esfera suspendida en el vacío. Su cosmología era la de todos los pueblos de la región: la tierra es una superficie plana, cubierta por una bóveda sólida —el firmamento— que sostiene las aguas superiores. Sobre esa bóveda están las estrellas, el sol y la luna. Debajo de la tierra están las aguas subterráneas. Y todo el conjunto flota en un océano cósmico primordial.

Génesis 1 no corrige esta cosmología. No dice: "la tierra es una esfera que gira alrededor del sol". Describe el cosmos con el lenguaje y las categorías perceptivas de su tiempo: un firmamento (raqia, רָקִיעַ) que separa las aguas de arriba de las aguas de abajo, lumbreras que se colocan en ese firmamento, y criaturas que pueblan los distintos espacios.

¿Significa esto que Génesis 1 "está equivocado"? Depende de qué esperemos de él. Si esperamos un libro de texto de astrofísica, sí, Génesis 1 no se ajusta a la cosmología moderna. Pero si entendemos que Dios se comunicó con seres humanos usando las categorías culturales que ellos poseían —igual que un padre explica el origen de un bebé a un niño de cuatro años sin mencionar mitosis, meiosis ni cigotos—, entonces la cosmología del Próximo Oriente Antiguo no es un error, sino el vehículo cultural de un mensaje teológico que trasciende esa cultura.

Análisis del texto original: los verbos hebreos de la creación

Génesis 1 no es un texto simple. Usa un vocabulario teológico preciso que la traducción al español solo puede aproximar.

El verbo bara (בָּרָא), "crear", abre la Biblia en Génesis 1:1: "En el principio creó (bara) Dios los cielos y la tierra". Bara es un verbo raro en hebreo: en toda la Biblia, solo Dios es su sujeto. Nunca un ser humano bara nada. Los humanos pueden asah (עָשָׂה, "hacer") y yatsar (יָצַר, "formar", como el alfarero da forma al barro). Pero bara está reservado exclusivamente para la acción divina. La teología implícita es radical: la creación no es una artesanía que transforma materia preexistente, sino un acto de voluntad soberana que trae algo a la existencia donde antes no había nada.

Génesis 1 usa bara solo tres veces: la creación del universo material (v. 1), la creación de la vida animal acuática y aérea (v. 21) y la creación del ser humano (v. 27). Los tres hitos de la creación reciben este verbo especial. Todo lo demás —la luz, el firmamento, la vegetación, los lumbreras— se describe con asah o con verbos más genéricos como "separar" y "poner". El autor no escogió sus palabras al azar.

La palabra raqia (רָקִיעַ), "firmamento" o "expansión", procede de la raíz raqa (רקע), que significa "martillar, batir, extender una lámina de metal". En Éxodo 39:3 se usa para describir láminas de oro batidas para el tabernáculo. En Job 37:18, Dios "extiende los cielos, firmes como un espejo de metal fundido". El firmamento es una superficie sólida, metálica —al menos en la imaginería del texto—, no una atmósfera gaseosa. Dios la crea para "separar las aguas de las aguas": aguas arriba del firmamento (de donde cae la lluvia) y aguas abajo (los mares).

En Génesis 1:2, la tierra está tohu vavohu (תֹהוּ וָבֹהוּ), "desordenada y vacía", un estado pre-creacional de caos no productivo. La creación no es una lucha contra el caos —como en los mitos vecinos— sino una ordenación progresiva: Dios separa, ordena, asigna y llena. Los días 1-3 crean los espacios; los días 4-6 los pueblan.

Examina el texto hebreo de Génesis 1 en Blue Letter Bible — Genesis 1.

El verbo "bara" y la creación por palabra

Génesis 1:1 comienza con un verbo único: "En el principio creó (bara, בָּרָא) Dios los cielos y la tierra". El verbo bara ocupa un lugar especial en el hebreo bíblico: nunca tiene como sujeto a un ser humano. Solo Dios bara. Mientras que los seres humanos pueden asah (hacer) y yatsar (formar, como el alfarero modela el barro), solo Dios puede bara.

Esta distinción es teológicamente fundamental. El Génesis no está diciendo simplemente que Dios organizó materia preexistente. Está afirmando que la existencia misma del cosmos depende de un acto de voluntad divina que no tiene analogía con ninguna actividad humana. Esa es la diferencia entre el Dios de Israel y los dioses mesopotámicos: Marduk crea el cosmos luchando con el monstruo Tiamat y partiendo su cadáver. Yahvé crea hablando. El poder no está en la fuerza bruta, sino en la palabra soberana.

Los días de la creación: tres posturas en diálogo

El debate sobre los días de Génesis 1 ha generado bibliotecas enteras. Las principales posturas entre quienes toman el texto en serio son:

Creacionismo de tierra joven: interpreta los días como periodos literales de 24 horas y sitúa la creación hace aproximadamente 6.000-10.000 años. Se apoya en la fórmula repetida "y fue la tarde y fue la mañana" y en el uso de la palabra yom (día) asociada a un numeral ordinal. Sus defensores señalan que Jesús mismo se refirió a Adán y Eva como figuras históricas reales.

Creacionismo de tierra antigua: interpreta los días como periodos largos de tiempo —eras geológicas—. Se apoya en que yom puede significar un periodo indefinido en hebreo (como en Génesis 2:4: "el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos"). Esto permitiría armonizar el relato bíblico con los miles de millones de años que la geología y la cosmología documentan.

Interpretación del marco literario: propone que la estructura de siete días es un recurso pedagógico y teológico, no un cronograma. Se apoya en las simetrías del texto: los días 1-3 crean los espacios (luz y tinieblas, aguas y firmamento, tierra y vegetación) y los días 4-6 los pueblan (sol y luna para el día 1, peces y aves para el día 2, animales terrestres y el ser humano para el día 3). El séptimo día, sin tarde ni mañana, corona el relato estableciendo el descanso sabático como culminación de la creación.

Estas posturas no son necesariamente excluyentes. Muchos creyentes combinan elementos de unas y otras. Y todas ellas, en sus vertientes serias, afirman que Dios es el creador soberano de todo cuanto existe.

El relato de Génesis 2: otro ángulo, el mismo escenario

Génesis 2 ofrece un segundo relato de la creación con un enfoque complementario. Si Génesis 1 es cósmico y majestuoso —Dios hablando desde la trascendencia—, Génesis 2 es íntimo y cercano: Dios modelando al hombre del polvo como un alfarero, plantando un huerto, paseando "al aire del día".

El verbo cambia de bara a yatsar (formar). La perspectiva pasa de la creación del universo entero a la creación del ser humano y su entorno inmediato. Muchos estudiosos ven aquí dos tradiciones complementarias que el editor final del Génesis unió deliberadamente, sin intentar armonizarlas en todos los detalles.

El ser humano es adam (אָדָם), formado del adamah (אֲדָמָה), la tierra. El juego de palabras en hebreo —adam/adamah— expresa una verdad teológica: el ser humano es tierra con aliento divino. Somos polvo y somos espíritu. La humildad y la dignidad se abrazan en la misma palabra.

El "hombre a nuestra imagen": qué significaba ser imagen de Dios

Génesis 1:26-27 contiene una afirmación revolucionaria: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó".

Ser tselem Elohim (צֶלֶם אֱלֹהִים, imagen de Dios) no significa parecerse físicamente a Dios —Dios no tiene cuerpo en la teología hebrea—. En el Próximo Oriente Antiguo, los reyes colocaban sus imágenes (tselem) en los territorios conquistados para representar su autoridad. La imagen del rey estaba allí cuando el rey no podía estar físicamente. Génesis está diciendo algo revolucionario: no es solo el rey quien es imagen de Dios. Todo ser humano —varón y hembra— es la imagen visible del Soberano invisible en la creación.

Esto tiene implicaciones éticas masivas. Si cada ser humano es imagen de Dios, cada ser humano tiene una dignidad inherente que no depende de su utilidad social, su capacidad productiva o su estatus. Es una idea que ni Egipto ni Babilonia compartían. Y que, honestamente, nuestra cultura moderna también olvida con frecuencia.

Los mitos de creación del entorno: lo que Génesis no es

La creación en el Enuma Elish babilónico —compuesto siglos antes de Génesis— es violenta y caótica. Los dioses luchan, se despedazan, conspiran. El cosmos emerge de un cadáver divino. La humanidad es creada como mano de obra barata para liberar a los dioses menores del trabajo pesado.

Génesis 1 es, en su contexto, una declaración teológica radicalmente contracultural. No hay lucha. No hay violencia. No hay dioses rivales. No hay caos primordial resistiéndose a ser ordenado. Dios habla, y la creación responde obedeciendo. El sol y la luna —divinidades mayores en todas las religiones vecinas— son despojados de su rango y reducidos a "lumbreras" (simples lámparas) que ni siquiera reciben nombre propio en el texto.

El ser humano no es creado como esclavo de los dioses. Es creado como virrey, como administrador delegado del jardín. Su tarea es cultivar y cuidar (avad y shamar), los mismos verbos que describen el servicio sacerdotal en el tabernáculo. El trabajo humano —lejos de ser maldición— es presentado originalmente como acto litúrgico.

Preguntas frecuentes sobre el Génesis y la ciencia

¿Es compatible la Biblia con la teoría de la evolución? Depende de cómo se entienda la evolución y de cómo se lea la Biblia. Si por evolución se entiende el cambio gradual de las especies a lo largo del tiempo por procesos naturales —algo que la biología documenta sólidamente—, muchos creyentes no ven conflicto, siempre que se afirme que Dios es el autor último de esos procesos. Si por evolución se entiende un proceso puramente aleatorio sin dirección ni propósito divino, el conflicto es real. En cuanto a la Biblia, si se leen los días de Génesis 1 como lenguaje teológico y no como cronología científica, el conflicto se reduce considerablemente. Este es un campo donde creyentes igualmente comprometidos con la autoridad de la Escritura llegan a conclusiones distintas.

¿Qué edad tiene la tierra según la Biblia? La Biblia no da una cifra. La estimación de 6.000-10.000 años proviene de sumar las genealogías de Génesis 5 y 11 (los patriarcas antediluvianos y postdiluvianos) y asumir que esas genealogías son completas, sin saltos generacionales. Pero las genealogías bíblicas a menudo omiten generaciones (compárese Mateo 1:8 con 2 Crónicas 21-22, donde faltan tres reyes). Si las genealogías son representativas y no exhaustivas, la fecha de la creación no puede calcularse a partir de ellas. Es un debate abierto donde la humildad es más sabia que la certeza dogmática.

¿Creía Jesús en el Génesis literal? Jesús citó Génesis 1 y 2 (Mateo 19:4-5) para enseñar sobre el matrimonio, refiriéndose a Adán y Eva como figuras reales. Sin embargo, Jesús también usó parábolas y lenguaje figurado cuando la ocasión lo requería. Sus referencias al Génesis no especifican necesariamente el género literario del texto. Lo que está claro es que Jesús trató el Génesis como Escritura autoritativa, divinamente inspirada y teológicamente verdadera.

¿Tiene Génesis 1 estructura poética? Sí, y muy marcada. El texto exhibe paralelismos, repeticiones formulaicas ("y dijo Dios...", "y fue la tarde y fue la mañana"), estructuras simétricas y un ritmo casi litúrgico. Aunque no es poesía en el sentido métrico de los Salmos, es una prosa elevada con cualidades poéticas deliberadas. Esto no descarta por sí mismo que describa eventos reales, pero sí sugiere que su propósito principal es teológico y litúrgico, no cronológico-científico.

Versículos clave

  • Génesis 1:1: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra."

  • Génesis 1:26: "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza."

  • Génesis 2:7: "Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente."

Reflexión final

El conflicto entre Génesis y la ciencia no es entre dos fuentes de conocimiento incompatibles. Es entre dos formas de leer que se han olvidado de lo que la otra aporta. La ciencia nos dice cómo funciona el cosmos. Génesis nos dice quién lo creó y para qué. Son preguntas distintas que merecen respuestas distintas.

El creyente puede leer Génesis 1-2 y ver en cada versículo una afirmación teológica que la ciencia no puede ni confirmar ni refutar: que el universo tuvo un comienzo, que ese comienzo fue un acto de voluntad divina, que el ser humano fue creado con un propósito y una dignidad únicos, y que el Autor de todo es bueno. Ningún fósil, ninguna datación radiométrica, ninguna ecuación cosmológica puede disputar eso.

Como tantas veces en la Escritura, la clave no está en elegir entre la fe y la razón. Está en aprender a leer el texto con los oídos con que fue escrito.


Este artículo es parte de nuestra serie de estudios bíblicos independientes. No representamos ninguna denominación religiosa.

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Marcos Villalba

Teólogo autodidacta con 12 años estudiando las Escrituras en su contexto histórico. Fundador de Juicio Bíblico. Cada artículo está respaldado por el texto bíblico original.

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